Puerta del Futuro

Fundamentación

 La educación y especialmente la educación temprana, y teniendo como antecedente la educación preconcepcional y prenatal es el eje fundamental del desarrollo. De acuerdo a diversas investigaciones y en particular al aporte de las neurociencias, se sabe que cuando el ciclo de formación del ser humano se inicia desde las edades tempranas, sus efectos trascenderán positivamente por el resto de la vida.

Las primeras vivencias, actividades, estímulos y experiencias de vida que tiene un ser humano influyen de manera determinante en la formación del cerebro y en la naturaleza y alcance de las capacidades en la vida adulta. El rápido desarrollo del cerebro durante estas primeras etapas de vida es fundamental y está determinado por una interacción compleja entre los genes con los que se nace y las experiencias que se viven. La nutrición, el cuidado, el afecto, un ambiente enriquecido que estimule organizadamente los sentidos y la lactancia materna influyen directamente sobres las conexiones que se establecen en el cerebro durante estos valiosos primeros años.

Cuando el ser humano recibe un cuidado que satisface sus diferentes necesidades tomando  en cuenta su naturaleza holística, entonces crecerá no sólo más apto  para ingresar a la escuela y aprender con facilidad, sino también con mayores oportunidades de desarrollar sus talentos humanos únicos y por ende, mayor posibilidad de alcanzar el éxito. 

Es claro que la pobreza limita en muchos aspectos la oportunidad de la niñez de acceder a un pleno desarrollo integral; sin embargo, la intervención temprana asertiva en los  primeros años de vida puede ser alternativa, altamente eficiente para reducir la brecha de desarrollo entre los niños pobres y los ricos, logrando así que los niños más vulnerables ingresen a la escuela primaria con bases suficientemente sólidas para aprender y desplegar sus cualidades e inteligencias al mismo nivel que niños con más oportunidades.

Científicos y economistas interesados en la infancia, consideran que la inversión en edad temprana, tendrá a futuro un impacto social favorable, por ser una efectiva vía para revertir el círculo de reproducción de la pobreza y un detonante del desarrollo. Un país que invierte en educación temprana y en la formación de capital humano, será un país que le apuesta al desarrollo económico, social y sustentable, al equilibrio e igualdad social y formar ciudadanos productivos y con mayores  potencialidades biopsicosociales.

Por el contrario, países que no invierten en educación y sobre todo en educación temprana están condenados al atraso, a la desigualdad y a ser siempre dependientes.

Las influencias tempranas de calidad potencian las funciones y arquitectura cerebral, y contribuyen a la vez a la cimentación armónica y equilibrada de la personalidad del niño, y con ello a la formación de un perfil más apto y capaz de enfrentar con éxito los retos en su trayecto educativo y en la vida.